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La sensación de que el cuerpo “no rinde al máximo” no tiene por qué estar relacionada solo con el sueño o con el paso de los años. La cantidad de energía que tenemos depende sobre todo de las mitocondrias: pequeñas estructuras de nuestras células que representan uno de los pilares más infravalorados de la salud a largo plazo. ¿Qué hacen por nosotros y cómo podemos apoyar su función?

¿Qué son las mitocondrias y por qué son importantes?

Puede imaginar las mitocondrias como pequeñas pero potentes centrales energéticas celulares. Se encuentran en casi todas las células de nuestro cuerpo y su función principal es transformar los nutrientes de los alimentos en energía en forma de ATP, la molécula que actúa como “combustible” universal para los músculos, el cerebro y los órganos.

Cuanta más energía necesita una célula, más mitocondrias suele contener. Por eso, las células musculares, las neuronas o las células del corazón suelen tener muchas más que otros tejidos.

Pero las mitocondrias no son solo productoras pasivas de energía. También participan en:

  • el apoyo al correcto funcionamiento de las células,

  • la protección de las células frente al estrés oxidativo,

  • la regulación de la renovación celular y el “reciclaje” natural de estructuras dañadas (la llamada mitofagia).

Así que quizá ya entienda que como funcionan las mitocondrias, así funciona todo el cuerpo.

Energía hoy, salud mañana

Con la edad, el estrés o una sobrecarga prolongada, la función mitocondrial se deteriora gradualmente. Y eso no nos conviene nada. De hecho, las investigaciones muestran que la disminución de la actividad mitocondrial va de la mano de:

  • fatiga crónica,

  • metabolismo más lento,

  • peor recuperación,

  • debilitamiento de la fuerza muscular,

  • mayor riesgo de enfermedades crónicas.

No es de extrañar, por tanto, que hoy se hable de la llamada disfunción mitocondrial como uno de los mecanismos clave del envejecimiento. No porque las mitocondrias “fallen de un día para otro”, sino porque van perdiendo eficacia a largo plazo: producen menos energía y, al mismo tiempo, más subproductos que suponen una carga para las células.

Consecuencias de la disfunción mitocondrial

La buena noticia es que las mitocondrias son sorprendentemente adaptables. En las condiciones adecuadas, pueden volver a ser más eficientes e incluso multiplicarse. ¡Así que aún no está todo perdido!

Las mitocondrias aman el estrés adecuado

Uno de los hallazgos más interesantes de los últimos años es que las mitocondrias responden de forma positiva al estrés breve y moderado. Este principio se conoce como hormesis.

Entre los estímulos naturales de las mitocondrias se incluyen, por ejemplo:

  • actividad física (especialmente de resistencia e intervalos),

  • ayuno breve o pausas más largas entre comidas,

  • exposición al frío o al calor,

  • sueño de calidad y respeto de los ritmos circadianos.

Estos estímulos envían al cuerpo la señal de que necesita producir energía de forma más eficiente. Y las mitocondrias responden aumentando su capacidad.

NAD+: un actor clave en la energía celular

Los especialistas en longevidad también buscan otras formas de apoyar aún más la salud mitocondrial. Y sus investigaciones parecen prometedoras. Por ejemplo, han descubierto que las mitocondrias no pueden funcionar sin NAD⁺ (nicotinamida adenina dinucleótido). Se trata de una coenzima que transporta electrones durante la producción de energía, activa los mecanismos de reparación celular y, en general, favorece el correcto funcionamiento de las mitocondrias.

Sin embargo, el nivel de NAD disminuye de forma natural con la edad; algunos estudios indican una caída de hasta el 50 % entre los 20 y los 60 años. Esto puede contribuir a una menor energía y a una peor capacidad de recuperación.

Por eso, la ciencia estudia intensamente hoy los precursores del NAD⁺, es decir, sustancias a partir de las cuales el cuerpo puede producir por sí mismo NAD. Entre los más reconocidos se encuentra el ribósido de nicotinamida (NR).


¿Sabía que…

…las mitocondrias también necesitan otras sustancias “estructurales” y “de impulso”?

Además del NAD+, también influye la disponibilidad de otros nutrientes que participan en el metabolismo energético:

  • La coenzima Q10 forma parte de la cadena respiratoria mitocondrial y participa directamente en la producción de ATP. Su nivel disminuye con la edad, especialmente en tejidos con una alta demanda energética, pero muy importantes para el cuerpo.

  • Las vitaminas del grupo B (B1, B2, B3) son grandes aliadas de las enzimas que transforman carbohidratos, grasas y proteínas en energía.

  • PQQ (pirroloquinolina quinona) es una sustancia investigada por su potencial para apoyar la formación de nuevas mitocondrias (biogénesis mitocondrial).

  • La glicina participa en la producción de glutatión , uno de los principales antioxidantes que protegen las mitocondrias frente al daño.

  • TMG (trimetilglicina) apoya los procesos bioquímicos naturales del cuerpo (incluido el metabolismo del NAD) que ayudan a mantener la energía celular.

Por eso, es difícil lograr un apoyo específico de las mitocondrias con una sola sustancia aislada. Para un cuidado integral de su salud, merece la pena recurrir a suplementos sinérgicos multicomponente, que pueden ser un complemento adecuado de un estilo de vida saludable.

MitoGenix combina nutrientes implicados en el metabolismo energético, así como en la protección de las mitocondrias y su adaptación a la carga. NAD+ Prime, por su parte, ayuda a aumentar el nivel de NAD⁺, clave para la energía celular, y favorece su uso eficiente en el organismo.

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La energía como capital a largo plazo

Olvídese del “impulso” rápido. Apoyar las mitocondrias es una inversión en vitalidad a largo plazo, resiliencia y capacidad de recuperación del cuerpo. Y ahí reside el verdadero lujo de la salud moderna: tener energía no solo hoy, sino poder contar con ella también mañana.

Fuentes:
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26942670/
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/23454757/
  • https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7963035/
  • https://www.mdpi.com/2072-6643/14/9/1811
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/19861415/

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